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Coordinadora y AMLO, las preocupaciones

Foto: Notimex.

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Dos son las preocupaciones y una la estrategia del Gobierno de la República desde hace algunas semanas y robustecidas en los últimos tiempos.

Las preocupaciones:

1) El movimiento de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y la impotencia para controlarlo, negociar hacia un acuerdo y, en suma, volver a la normalidad; y

2) Andrés Manuel López Obrador y su posicionamiento hacia las elecciones presidenciales de 2018 creciente según las cada vez mas frecuentes encuestas de opinión.

La estrategia gubernamental: mejorar la imagen del Presidente Peña Nieto, empezando por un cambio desde la raiz.

Vayamos por partes.

Lo de la CNTE se arreglará cuando estén sobre la mesa propuestas sanas que conduzcan a una reforma educativa que, como su nombre lo indica, tenga por finalidad actualización y superación de la educación en todos sus niveles y arrebatando al magisterio el prurito de que lo que hay ahora no es reforma educativa sino laboral.

Vienen vicios ancestrales de la mano del magisterio nacional y desviaciones.

Nos nacen en este sexenio; hay que recordar que en los cincuenta con Otho Salazar al frente, el magisterio desafío al Gobierno. Después lo hizo con Carlos Longitud Barrios y mas tarde con Elba Esther Gordillo.

En suma: el Gobierno ha creado al Frankenstein y después se asusta.

Andrés Manuel López Obrador tiene cuando menos 20 años en campaña para la Presidencia.

Llama la atención la amnesia ciudadana sobre sus estrategias y acciones en el pasado, que le llevaron a desquiciar, primero la suerte del país y luego la propia capital de la Republica.

Como si nada hubiera ocurrido en materia de anarquía por él propiciada hoy lo tienen en la cumbre de popularidad y preferencias hacia el 18.

El Gobierno busca afanosamente incrustar en la temática nacional al Presidente Peña Nieto. Error de comunicación.

Peña Nieto es el Presidente, pero no un caudillo. Y en tres años y medio acumula acusaciones, evidencias y errores difícilmente superables. Ademas, a él no le compete enfrentar a AMLO sino gobernar al país.

Ya cambiaron discurso, formato y temática de sus eventos y todo sigue igual.

Tienen a los principales columnistas, comentaristas y opinologos en una bien coordinada campaña que luce como perfecta sinfonía en tonos y temas, pero nada pasa como no sea otra caída en los niveles de aceptación y aprobación al Presidente.

Si supiéramos cuál es la solución no estuviéramos haciendo un blog sino gobernando un país. Por ello, desde esta tribuna no pretendemos dictar soluciones que desconocemos, sino señalar lo que en opinión de las mayorías ocurre en el país.

Las angustias gubernamentales desgastan al sistema y ocupan sus afanes. La obsesión por mejorar la percepción presidencial es enfermiza.

Se nos ocurre que con buena voluntad resolverían buena parte y lo demás, lo de AMLO, queda en manos de su salud mesiánica como él y del impredecible electorado.

Lo peor, es la obsesión con el que puede llegar a errores que lo convierten en mártir.

Y entonces sí…

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