Nueva moda a los opinólogos: abrogar o derogar

Desde que el Presidente Peña Nieto declaró “yo no derogaré, ni abrogaré la Reforma”, quedó claro que ese es el camino para resolver el conflicto Coordinadora-Gobierno.
Ya sabemos que en nuestro país ocurre exactamente lo contrario de lo que nos dice el Gobierno y sus funcionarios.
No habrá mas impuestos y suben los impuestos; no habrá mas gasolinazos y vuelven los gasolinazos; se acabará la burocracia y burocracia habemos; no hay devaluación del peso pero ahora se llama depreciación y cada día vale menos; el nivel macroeconómico está inmejorable pero vemos los niveles de deuda y las balanzas comercial y económica y es exactamente lo contrario.
Por eso, el “yo no abrogaré, ni derogaré” de Peña Nieto se entiende: hay que abrogar y derogar la Reforma, pero yo no lo voy a hacer sino quien la Constitucion dice.
Y así, el Congreso se lleva el tigre en la rifa para ponerle fin a las rivalidades, al menos temporalmente.
El de Atlacomulco, como Pilatos, dio la directriz y se ceñirá la corona de olivos del triunfo.
Abrogar implica anular, lo que significa la supresión total de la vigencia y la obligatoriedad de una ley.
La abrogación puede ser expresa o tácita. Expresa cuando un nuevo ordenamiento declara la abrogación de otro anterior que regulaba la misma materia que regulará el nuevo. Es tácita cuando no resulta de una declaración expresa de otro ordenamiento sino de la incompatibilidad total o parcial entre los dos preceptos.
En México la línea ha sido abrogar una Ley y presentar un nuevo ordenamiento.
Derogación es quitarle vigencia a ciertas partes de la Ley, como hacen con frecuencia con el Codigo Fiscal.
El Consejero Jurídico de la Presidencia de la República, licenciado Humberto Castillejos Cervantes, el mismo que saltó a la palestra cuando el veto de la “3de3”, con toda seguridad debe estar calentando el brazo por si lo requieren.
Cualquier camino que vayan a seguir -que no tienen muchos-, mas que arreglar y darle forma Legal, debe ir acompañado de explicaciones a la ciudadanía.
Pero explicaciones en nuestro idioma, no en terminajos oficiales rebuscados y confusos.
Por lo pronto, en el corto plazo, apostamos que la moda será “abrogar o derogar” como en los albores del sexenio fue el “puntualmente”.
Debatiran hasta que les digan y los opinólogos se enfrascarán en supuestamente sesudos debates pre arreglados, dando tiempo al montaje para preparar el actor final y la caída del telón.
Abrogar o derogar… esa es la cuestión.

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