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Tolera Peña faltas de respeto a Marín

Foto: @AtTimesMx

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El Presidente de la Republica, Enrique Peña Nieto soportó la andanada de diatribas, que no entrevista, del periodista Carlos Marín.

En la víspera del viaje a China y con el tema central obligado, la visita de Trump a México, fue la reunión entre el titular del Ejecutivo y el Director Editorial del Grupo Milenio.

Días antes, tanto Jesús Silva Herzog como Denise Dresser habían subido de tono las críticas al Presidente, cayendo incluso en la ofensa personal.

Olía aquello publicado en El Universal y Reforma, mas a desahogo personal que a crítica sana, constructiva que buscara flagelar para componer algo ser fuerte a ultranza, pero propositivo.

Marín saltó al ruedo con el claro propósito de superar todo lo que se había dicho sobre Peña Nieto y la fallida reunión del último de agosto.

Y lo hizo.

Ofensas, insultos, faltas de respeto a la institución y la persona del Presidente por decir algo. Peña Nieto salido, inmóvil, aguantó la tormenta, mientras un cada vez mas engallado Marín subía el tono y apretaba todos los botones posibles buscando hacer reventar a su interlocutor.

No lo logró.

Peña toleró y se despidió del periodista.

Marín es incisivo, sarcástico, hiriente y con todas las tablas del mundo.

Fue quizá el reportero mas joven que ha tenido Excélsior donde inicio su carrera en 1973 como reportero de Últimas Noticias, edición de medio día de la que salió el 8 de julio cuando tras la maquinación del Presidente Echeverría expulsaron a Julio Scherer y su grupo de la cooperativa.

Estuvo en Proceso, aunque no fue fundador y buscó la Dirección del semanario a la jubilación de Scherer.

Se opuso a “aparcelar” la revista como Scherer pretendió al designar un triunvirato para la Dirección.

Uno era Marín, el otro Froylan López y Rafael Rodríguez Castañeda el tercero.

El actual Director de Proceso tenía a su favor haber sido el único de los tres con etiqueta de fundador de la revista, lo que conllevaba haber acompañado a Julio y sus gentes en las duras y las maduras.

En algún momento, Marín escaló las alturas en Milenio, quizá coincidiendo con o por la dimisión de Federico Arreola.

Y ahí está.

No podemos decir que de humilde reportero, porque nunca ha sido el primero, el poderoso personaje que lujos se da, como el de humillar y faltar al respeto al Presidente de la República.

Había muchas formas de expresar el desacuerdo con lo de Trump.

La única que no se valía, fue la que Marin usó: el insulto y la falta de respeto.

Notimex

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