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Sombrío panorama para el peso

Foto: Archivo.

Juaristi-byline

Cincuenta por ciento devaluación del peso. Cincuenta y tres por ciento el incremento de la deuda pública y sesenta millones de mexicanos en pobreza extrema, eran hasta ayer los “logros” económicos de la política del Presidente Peña Nieto.

Por tercer día consecutivo el dólar rebasá la frontera de los veinte pesos, aún cuando la FED, en Estados Unidos, no elevó sus tasas de interés. El Gobierno mexicano había estado culpando al alza en las tasas por la caída del peso.

Pese a que no se produjo movimiento, tampoco hubo recuperación en el tipo de cambio y, lo peor, es que la siguiente reunión de la FED será en diciembre, lo que significa tres meses mas de inestabilidad cambiaria y de un peso a la deriva.

Hay otros factores que inciden en el tipo de cambio, pero que el Gobierno elude.

Uno de los principales es la deuda pública y el costo del servicio de la deuda que son los intereses y las comisiones que pagamos.

Desde que Peña Nieto tomó posesión, la deuda aumentó 53 por ciento erosionado el Producto Interno Bruto.

La devaluación reduce el poder adquisitivo de los mexicanos atrapados en pésimas políticas financieras y económicas.

Hay factores externos seminternos asociados a lo que padecemos.

Uno es el crudo. El Gobierno habla mucho de él y reduce su temática a la caída en el precio del crudo, pero nada nos dice del desplome, que no caída, en la producción petrolera y mucho menos del aumento exponencial en las importaciones de gasolina y turbosina, para vehículos automotores la primera, y aviones la segunda, pues la escasez puede conducir a la parálisis nacional.

La ordeña de ductos es uno de los pretextos gubernamentales favoritos al explicar la escasez. La realidad es el desplome de producción unido a la baja en refinación.

Se suman a la baja del poder del peso la violencia, la inestabilidad sociopolítica, conflictos como el del magisterio, la repercusión por la baja en la calificación crediticia y las excesivas importaciones de bienes de consumo.

Pero, por lo pronto, lo que todos entendemos pese a los rebuscados escapes oficiales son dos cosas: cuando entraron costaba trece a uno y cuatro años después son veinte a uno. Y duele a las gasolinas, la luz y el gas.

Amén, claro está, de la disparada deuda nacional, que preocupa ya a Bancos y gobiernos extranjeros.

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