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Descarrilan los trenes de Peña Nieto

Foto: Notimex.

Juaristi-byline

El primero de diciembre de 2012, el Presidente Peña Nieto me emocionó.

Veía su mensaje a la nación en el que anunciaba su propuesta de trabajo. Despacio, con solemnidad mezclada con optimismo y esperanza, dividir en cinco ejes y 13 decisiones lo que sería el programa de acción.

Un México nuevo despuntaba de la mano de lo que era el mayor compromiso para él. Era el Presidente que traía de regreso a Los Pinos al viejo partido, el que llegaba de Atlacomulco, el que hacía cumplir las profecías y el que había firmado compromiso tras compromiso en campaña, modalidad que buscaba inspirar confianza y dar seriedad al asunto.

A mí, me llamó la atención el tema de los trenes.

Ví en el anuncio de que “renaceran trenes de pasajeros”, el renacer del país, todo por la modernización, bajo costo, seguridad y europeización del sistema.

Pensé que nuestro México vería cruzar a cientos de kilometros por hora, lo mismo en el Bajío que en la Península, en las Sierras que en las Costas los trenes rápidos como en los países mas avanzados de Europa y Asia.

“En el transporte colectivo a bajo costo, de lujo y eficiente está la solución”, especulé para mis adentros.

Y hablando el Presidente, Banda Presidencial al pecho, lo que daba mas solemnidad al acto, giró instrucciones, dió órdenes para que Gerardo Ruiz Esparza tuviera el año próximo: ¡sí, en el mismito 2013, en obras el tren rápido México-Queretaro!

Y no era el único. Vendrían el Mexico-Toluca, el transpeninsular Yucatán-Quintana Roo; la línea 3 del metro de Monterrey y la ampliación del tren eléctrico metropolitano en Guadalajara.

Era un principio que propiciaría con la inmediatez que lo exitoso por sentido común trae y no pasaría mucho en que se extendieran los trenes hasta volverlos herramienta de trabajo y medio normal de transporte.

Pero cuatro años después, no hay nada.

Los trenes abortaron. El proyecto murió antes de empezar.

Bastó la primera licitación, la del México-Queretaro, para que desbordada la corrupción, pelearán el privilegio y los sobreprecios y todo lo que la bonanza fácil trae, otorgando el contrato a un grupo Chino y luego se sabría, privilegiaba al consentido de Los Pinos directamente y a tras mano.

Estalló el escándalo y descarrilaron los trenes.

De un manotazo, Peña Nieto canceló la licitación y de pasada mató su propio proyecto. El que era el del Rey Midas y eso, aun haciéndolo a la limpia… sin tranzas.

No hubo trenes.

Pero me pregunto: ¿me engaño Peña Nieto?

Creo que no.

Me engañe solo, en mi optimismo y por haberle creído.

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