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Las propiedades medicinales del peyote, el cactus del corazón

Juan de la Cruz tiene 76 años de edad, es mara’akáme de la comunidad wirrárika El Chalate, en Mezquitic, Jalisco, en la mirada tiene la sabiduría y en las manos el amor a la tierra a sus raíces y a una tradición de sanador que no quiere dejar morir. Foto: Notimex

México.- Juan de la Cruz tiene 76 años de edad, es mara’akáme de la comunidad wirrárika El Chalate, en Mezquitic Jalisco, en la región oeste del país, en la mirada tiene la sabiduría y en las manos el amor a la tierra a sus raíces y a una tradición de sanador que no quiere dejar morir.

Un mara’akáme, es la manera en la que la comunidad wirra conoce a las personas que tienen la capacidad de sanar el cuerpo, la mente y corazón de quienes los buscan, para la cosmovisión de este pueblo originario, un mara’akáme es la conexión entre el mundo de los dioses y de las personas.

Don Juan comenzó su enseñanza desde muy pequeño, estudió en una escuela tradicional pero se salió para aprender a ser mara’akáme con su abuelo, se trata, dijo, de un conocimiento bien distinto, uno que no se imparte en las escuelas, así que aprendió a sanar a las personas con las instrucciones de su abuelo con quien pasó más de diez años aprendiendo a curar.

Las enseñanzas de su abuelo, no sólo incluían las afecciones del cuerpo que se pueden curar, sino las del alma, para lo que emplean el peyote, que a decir de esta comunidad se le conoce mejor como Hikuri.

“Nuestros ancestros lo han usado desde siempre, ese hikuri te enseña mucho, si lo tomas te enseña mucho a ver, se emborracha uno de hikuri y te sale mucha mucha sabiduría, te enseña a curar, a aliviar a la gente, todo te enseña el hikuri”.

Don Juan explicó que en las ceremonias de hikuri se canta porque es una manera de escuchar a Dios, en su opinión esta medicina ancestral le potencia la capacidad de ver si es que alguna persona tiene una enfermedad “te responde para saber cómo curar para que no se nos arrime tanto la enfermedad”.

Expuso que cualquier persona puede acceder a esta planta siempre y cuando se haga de manera ritual y con respeto, en ese sentido explicó que se debe comer con cierta medida y bien rezado, es decir, con una especie de bendición que ofrecen los marakames a los participantes de una ceremonia.

“Se tiene que persignar bien para que no te vuelva loco, con pocata (fuego), si lo comes asi no te pasa nada pero si vas a ver mucho tiempo muchas cosas, las montañas, los venados y las águilas, sale como la televisión hasta que se te quita y ya te calmas”.

Abundó que esta cactácea tiene el poder de curar una buena diversidad de afecciones físicas, “esta medicina sirve para dos cosas, te enseña y te alivia el cuerpo, es una medicina, es un doctor y te puede ayudar a limpiar lo que tienes mal”.

Para Don Juan la medicina del hikuri es la que ayuda a sanar el corazón, “ayuda a que tengas mucha vida, siempre la gente de aquí hemos vivido así comiendo eso nos ayuda”, para conseguir el peyote se hacen extensas caminatas a Wirikuta, en San Luis Potosí, en la región centro norte del país, y cuesta trabajo encontrarlo por que por lo general está enterrado.

Explicó que es el abuelo venado, la deidad que representa a esta planta, el que decide si las personas pueden consumirlo o no, de poderlo consumir las personas lo encuentran fácil, en tanto que si no son candidatas para el consumo es imposible encontrarlos, “ se esconden, si lo encuentras te lo tienes que comer ahí, es encontrar uno para que te salgan más, una vez que encuentras el primero salen muchos más”.

Los niños no pueden comer hikuri, solo hasta después de los 15 años, y una vez que se hizo la caminata a tierra sagrada, que es como le llaman a Wirikuta, se hacen muchas fiestas para hacer la ceremonia.

Recuerda que la primera vez que consumió esta medicina ancestral iba muy cansado, tenía como 12 años y fue su abuelo quien le dijo que lo comiera para agarrar fuerzas, de inmediato se alivió y agarró fuerzas para continuar en el camino “no me sentía cansado, ni tenía sed, me sentía aliviado”.

Refirió que a muchos años de comulgar con esta medicina ya conoce sus efectos y las cantidades que él necesita, “es una medicina para ver, es una tradición de nuestro pueblo”, como marakame, que es como se le llama a las personas que curan con métodos tradicionales en la región, comenzó a sanar a niños pequeños y ya después a los adultos.

De manera tradicional, utilizan elementos de sanación como el muvieri, que son plumas de animales que ellos consideran sagrados como el águila y que son atadas a un palo de madera, y curan afecciones como hinchazones, dolores de cabeza y varias enfermedades del cuerpo.

Don Juan lleva más de 30 años siendo marakame y considera que esta práctica es trabajosa y ya nadie de su familia quiere aprender “no les gusta a mi familia ser marakame, porque ya ellos tienen su historia, ya no les gusta, les he enseñado pero no quieren y les digo que se enseñen porque yo un día me voy a acabar ¿y quién va a curar?”.

“Me gustó ser marakame porque se enferma mi familia y así los puedo curar, para que no se enfermen tanto, así le he ayudado a mi familia, la he curado para que no se me muera tanto, a mi me tocó eso, curar”.

De acuerdo con la Biblioteca de la Medicina Tradicional Mexicana, de la Universidad Nacional Autónoma de México, los wirrárikas utilizan el peyote como alucinógeno en ceremonias curativas, adivinatorias y en rituales religiosos, éstas pueden ser realizadas de manera grupal en celebraciones dedicadas al maíz o bien, de manera individual para tener conocimientos sobre el futuro o evitar peligros.

En la cosmovisión wirra, el hikuri es representado por un venado, que primero aparece en su forma animal y se va transformando, con lo que cada una de sus huellas se convierte en peyote que a la vez es una especie de mensajero, debido a que cuando el mara’akáme canta y ora, las personas comunican sus deseos y súplicas a los dioses.

Para recolectar la cactácea, que no es originaria de la región donde viven los wirras, se realiza un viaje anual a Wirikúta, a hacer “la cacería del peyote”, en donde quienes acuden tienen que ir en un estado de pureza espiritual, lo que logran mediante la confesión de sus faltas y que además implica abstinencia sexual y alimenticia, así como reverencias y ofrendas al “abuelo fuego”, conocido por los wirras como Tatéwari.

En diversas regiones del país se utiliza el peyote de manera tópica como analgésico para aliviar dolores reumáticos, artritis y otras afecciones, mientras que si se consume en ceremonia se puede ingerir fresco, entero o cortado en pedazos, lo que equivale a la carne del venado, o bien, en una especie de macerado con agua.

Expuso que la ingesta de esta cactácea provoca cambios en las percepciones sensoriales y el sistema nervioso central es afectado de manera significativa al provocar alucinaciones visuales, auditivas, gustativas, olfatorias y táctiles.

Ello, acompañado de una sensación de despersonalización, desdoblamiento de la personalidad, alteración o pérdida de la percepción del tiempo, la mezcalina es el alcaloide más importante del peyote tanto por su elevado contenido en la planta, como por su variada acción biológica en el organismo.

Notimex

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